Saturday, November 07, 2009

INVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES:


Hoy: ANTENA3 y CURSO DEL 63

ANTENA 3 NOS PROPORCIONA UN ESPERPÉNTICO PROGRAMA EN EL QUE VOLVEMOS A LAS AULAS DEL FRANQUISMO EN TODO SU ESPLENDOR!!!!!


Hace poco ha comenzado un nuevo Reality Show: Curso del 63. Un grupo de adolescentes “rebeldes” viven una experiencia “educativa”, en un colegio en el que los métodos remedan aquéllos fascistas de los años 60.
Olvidando completamente a los otros movimientos emergentes de los 60 : los panteras negras, los hippies, los primeros pasos de la liberación femenina, el pacifismo, la creatividad explotando en la música; Curso del 63 nos muestra lo peor de la educación de ese momento.
¿Objetivo?
Según un responsable - Carlos Fernández, director de Contenidos de Antena 3 - (…) “hemos querido trasladar a los jóvenes a esa época para que conozcan los valores de entonces: autoridad, respeto, disciplina y esfuerzo.
Una vez más las buenas intenciones (vamos a creer que las había) han quedado muy lejos del resultado.
El mayor desatino consiste en ejercitar la coacción a los alumnos para que aprendan valores de respeto. El método es tan ridículo como enseñar el valor de la honestidad exigiendo al aprendiz que cometa un robo.
Es imposible utilizar ridículos abusos de poder, el grito, el trato frío y autoritario o las manipulaciones que hacen llorar a los adolescentes para enseñar el verdadero sentido de la autoridad, el respeto, la disciplina y el esfuerzo.
En éste caso la cantidad y calidad de los desatinos harían palidecer a Alice Miller, pedagoga contemporánea respetada mundialmente cuyo eje conceptual versa sobre el maltrato infantil.

Paso a sintetizar un fragmento de programa que ejemplificará claramente lo que intento explicar: a la hora del almuerzo el menú consiste en pescado y tortilla. Una alumna manifiesta que no le gusta el pescado y remolonea ante la tortilla.
Conclusión: de muy malas maneras una señora vestida al estilo de los 60’ (esos detalles están cuidados) le sirve el mismo plato en el desayuno, almuerzo, merienda y cena hasta que se lo acabe.

Ahá. Esta Señora, obviamente no es pedagoga. Supongo que en el programa tampoco hay asesoramiento psicológico (del bueno, quiero decir).

¿Cómo esperan los profesores y autoridades del Curso del 63 lograr que se los respete de verdad si ellos sistemáticamente faltan el respeto de los alumnos? Así nunca lo conseguirán, a lo sumo, pasará lo que pasaba cuando nosotros, los que tuvimos que soportar en los 60 esos atropellos disfrazados de “respeto”: negábamos nuestra esencia, fingíamos para sobrevivir, odiábamos la escuela y sentíamos una mezcla de rabia e impotencia. Algunos de nosotros nos juramos que si un día decidíamos ser profesores, no repetiríamos tales tropelías.

Curso del 63 reedita lastimosamente todas las “enseñanzas” que evidentemente se enquistaron en la sociedad peligrosamente.- en particular las referidas al cuerpo y las relaciones entre los sexos reflotan todos y cada uno de los fantasmas y estereotipos que tanto daño nos han hecho.
El creciente maltrato a la mujer que hoy nos afanamos en contener y erradicar, era encubierto en los 60 – justamente - mediante las técnicas que hoy vemos en ese programa.


No es sano producir y defender la violencia simbólica o física en nombre del bien, ni comportarse tan cómodamente autoritarios y sostener que se hace “por el bien de los alumnos”.
Todo eso, en nombre de la “Educación” y las “buenas costumbres” que se consideran hoy, perdidas.
¿Estas son las buenas costumbres que se perdieron? El maltrato, el abuso de poder, los gestos y palabras de desprecio, el mandar a callar la boca?
¿Qué quiere decir que un alumno es “demasiado rebelde”? ¿Que tiene capacidad para pensar por si mismo/a?”.

Hacía tiempo que no veía los valores de la docencia tan trastocados como en este programa: paternalismo, apelación al correctivo, infundir miedo y el abuso de poder, la delación, el tratamiento carcelario.
¿Cómo vamos a convertirnos en una sociedad justa, equitativa, sana si creemos que para lograr el respeto o la disciplina enseñamos que el más fuerte es el que grita, manda, manipula y gana?
Me pregunto además que motivaciones han tenido los padres para enviar a sus hijos al mismo matadero al cual ellos mismos asistieron. Me inclino a pensar que ha habido algo más que una motivación económica o “salir en la tele”.
¿Tanta impotencia y sensación de fracaso sienten en la relación con sus hijos? ¿Tanta falta comunicación, o tal vez una cierta necesidad de venganza les hace aprobar que sus hijos pasen por esas humillaciones por las que ellos pasaron?


A causa del maltrato infantil, muchos autores como Alice Miller, Piere Bourdieu, Georges Laspassade, Paulo Freire y muchísimos otros han encarado una defensa activa de lo que en particular en Curso del 63 parece estar sustraído.
Experiencias televisivas como la de Curso del 63, en lugar de ayudar a las sociedades a avanzar superando sus contradicciones y alcanzar la madurez, sencillamente, las retrasan.

Saturday, September 26, 2009

LA DEVASTACIÓN DE LA IMAGEN FEMENINA EN LA PUBLICIDAD DE CADA DÍA


"Existe en la vigilancia,
más exactamente en la mirada de los que vigilan,
algo que no es ajeno al placer de vigilar
y al placer de vigilar el placer”.

Michel Foucault
.


Esta cita de Michel Foucault, de su libro "Las relaciones de poder penetran en los cuerpos" me vino a la cabeza ni bien emprendí una arriesgada aventura este fin de semana.

Hacía un tiempo que la publicidad dirigida a la mujer me llamaba tristemente la atención, me sobresaltaba con sus connotaciones no manifiestas a primera vista.

La semana pasada, entonces, grabé en video horas y horas de publicidad tanto en las cadenas oficiales como en las privadas y durante el fin de semana me senté a desmenuzar las imágenes y los textos.

Quedé anonadada. Parafraseando a Foucault, nunca pensé que el concepto real y filosófico de la mujer estuviera tan incansablemente vigilado, sopesado, calificado como digno de castigo por tantas miradas.

Pasada la experiencia de visionado y análisis de avisos publicitarios, quedé ofendida, abrumada, preocupada y con la convicción de que es necesario reforzar nuestras estrategias de protección y educación contra que he dado en llamar:

LA DEVASTACION FEMENINA A MANOS DE LA PUBLICIDAD

Si me permiten la paradoja, luego de analizar las publicidades dirigidas a la mujer, creo que el sexismo o la representación de la mujer como objeto sexual, es el menor de los problemas sociales a los que nos enfrentamos.

El problema no es sólo la constante repetición de imágenes estereotipadas de mujer muy delgada, joven mediante cremas o cirugías, sin arrugas, inteligente pero dependiente de su imagen, trabajadora, con sus genitales siempre limpios.

El problema real está en la legitimación de los modos de pensar, hacer y sentir sobre la mujer que la publicidad construye, repite y bendice.

Pierre Bourdieu, calificó certeramente a la televisión y sus mecanismos como una "estructura invisible" condicionada, a su vez, por la lógica mercantil a través de la hegemonía de la publicidad.

No se ve, pero esa estructura crea y organiza nuestro ocio, tiempo libre, aspiraciones. Es endemoniadamente efectiva y por eso, mueve intensos flujos financieros.

Así como el periodismo irresponsable se justifica con la utilización impropia de la libertad de expresión, la publicidad justifica su mala praxis con la libertad de mercado.
En cada congreso publicitario se celebra el ingenio de los creativos, se habla con admiración de los millones que mueve la industria, se elogia los puestos de trabajo que crea y siempre hay una cuidadoso esmero en plantear que en ultima instancia la decisión es del consumidor, que la eficacia de la publicidad comercial está en la posibilidad de ofrecer un mejor conocimiento de las cualidades objetivas de los productos.
Nada se dice, salvo en las publicaciones críticas, sobre el abuso y explotación ciertas imágenes o sobre la construcción de imaginarios sobre ciertos colectivos.
El trabajo publicitario se inscribe en la lógica de la batalla no solo del mercado sino de la subjetividad; la guerra se libra para captar la voluntad del consumidor y de paso, dejar en su conciencia una huella sutil, modulada cada día por la repetición.
Sabemos que los sistemas de interpretación de los individuos son complejos entramados de significaciones en donde se mezclan las creencias, la cultura, la educación, las improntas.
Sabemos que la producción de sentido está determinada por las experiencias en el mundo real.
Bien, en el mundo real el siglo XXI nos encuentra sumidos- entre otros- en índices crecientes de violencia contra la mujer, desempleo femenino, explotación infantil, sexismo, acoso sexual laboral y otras lindezas.
¿Es la publicidad la causante de todos los problemas?
Obviamente que no, pero a causa de la falta de regulación de las temáticas y sus representaciones la publicidad tiene vía libre para imponer, repetir o soslayar argumentos, simplificando la complejidad de la vida social.
Al recalcar las desigualdades, crea unos tópicos en los textos subyacentes que nada hace por la libertad de elección o el respeto a las personas.
La publicidad es como la enfermedad de la varicela: severamente contagiosa, aparentemente inocua, pero ni no tienes cuidado suficiente, sus marcas de acompañarán toda la vida.


1. Visibilidad/invisibilidad del cuerpo femenino

Ya sabíamos que no hay mujeres más que ideales dentro de la pantalla. Las mujeres mayores de 40 años no existen en los noticieros, ni en la mayoría de los programas de TV y si las vemos es porque han conseguido – como reza uno de los diez mandamientos de la publicidad de la mujer - reducir sus arrugas para parecer 10 años mas joven.

En mi visionado de la publicidad captada en las cadenas que tomaré como un muestreo aleatorio, el 85% de las imágenes femeninas no sólo estaba representada por mujeres jóvenes, sino que la diversidad inherente a la mujer en cuanto etnias, condiciones, estilos de vida, estaba anulada en favor del tipos femeninos poco creíbles, de piel blanca, cabellos rubios y ojos claros, independiente y sagaz, pero totalmente inútil a la hora de aceptarse como es o comer lo que se le antoja.

2. Delimitar del cuerpo femenino


La publicidad se ha hecho cargo – como lo diría Michel Foulcault- de someter al cuerpo femenino a la permanente vigilancia, castigándolo como forma de disciplinamiento.
Mediante una elaborada técnica de connotaciones ha logrado describir, delimitar el cuerpo, su edad y sus funciones aceptables y hasta se ha atrevido a definir la salud y el bienestar deseable.
El cuerpo femenino en publicidad es más que nada, es la foto recortada de dos pechos abultados y la imagen solitaria de un abdomen joven y planísimo perteneciente a una talla 36.
Veamos brevemente cuáles son los productos dirigidos a mujeres y bajo qué connotaciones:

i. El corsé del siglo XXI: la faja reductora
Esta publicidad promociona una faja reductora que abarca desde las rodillas hasta por debajo del busto.

“Las otras fajas reductoras solo llegan a la cintura causando esos antiestéticos michelines”- declara el locutor con alegría.

Se ve el abdomen de una mujer cuya edad es incierta, pues no se ve su cara, solo sus “antiestéticos michelines”. Luego se ve el producto que cubre desde debajo de pecho hasta sobre la rodilla a una mujer delgada de unos 25 años
“El exclusivo diseño se adapta como una segunda piel solucionado los problemas de cada parte. ¡Sin dejar marcas, nadie notara que la llevas puesta y podrás reducir 3 tallas!”.

Como una camisa de fuerza, este producto define el cuerpo de la mujer como un conjunto de problemas que hay que envolver, ajustar y modelar hasta que se adapte. La faja sume y promociona su capacidad de disciplinar a los cuerpos indóciles. Ya que ciertas mujeres no logran encajar en el peso adecuado, por lo menos, podrán disimular


ii. Si te portas bien, te doy 50% más de chocolate.

Una señorita de unos 25 años está desayunando unos conocidos cereales. La voz en off de otra mujer le anuncia que de ahora en más, su vida será mejor. El producto que consume para mantenerse en línea agregará un 50 % más de chocolate para que lo disfrute y no pierda la línea.
El anuncio reafirma la importancia del acontecimiento mostrando –cómo no- el primer plano de un abdomen talla 36, plano, planísimo.
No hay mayoría de edad para la mujer. La mirada omnipresente de la publicidad le dice qué, cómo y cuándo comer.
Si disfruta, lo hará de unos perímetros fijados sabiamente por los productos. El placer solo será admitido bajo vigilancia estricta de no perder la línea.

iii. ¿Cuál es la forma más rápida de perder peso?

Ésa es la pregunta que se hace la voz en off de un anuncio que promociona al producto X una especie de sauna portátil con el que la beneficiaria según el locutor “puede perder peso en abdomen, cadera, muslos, glúteos ¡Usted elige!”

La vida de las mujeres en publicidad es aparentemente colorida pero se mueve entre blancos y negros. La mujer en publicidad es sometida a constantes simulaciones en la que la publicidad le presenta opciones a elegir. La elección, si embargo, es ficticia, dicotómica.
Sólo puede optar entre ser gorda o flaca, tener o no tener busto, tener o no tener arrugas. Eso no es elección, sino reacción.

El hecho de elegir qué parte del cuerpo adelgazar es mas una imposición encubierta que una elección. Se da por sentado que la mujer, debe adelgazar y se la disecciona por “partes”.
Convengamos que como discurso legitimado, el tema de la pérdida de peso se ha instalado como agenda en la cabeza de gran parte de la población que habla de su cuerpo no como de una unidad, sino como una serie de accesorios que hay que cambiar llegado el momento. La nariz, los labios, las caderas, las cartucheras, etc.

iv. Déjame que te cuente cómo eres.

Una bella, joven y delgada señorita escucha la voz en off de una mujer que le habla de sí misma.

“Esta eres tu, la que el espejo siempre elige, la que para conseguir lo que quiere, disfruta, la que entrena el cuerpo y la mente las mismas horas por día. El producto X tiene L-carnitina que te ayuda a transformar la grasa en energía.”

Esta es la versión enajenada de una mujer contenta y feliz de llevar a rastras la condena de tener que ser delgada y encima arreglárselas para ser tan bonita como en el espejo de Blanca nieves, entrenando no solo cuerpo, como antaño, sino también la mente, y como si esto fuera poco, transformando la grasa en energía.
Olé.
Lo que se dice una esclava modernísima, sumisa, inteligente y bien entrenada.

v. Nunca falta el exabrupto.

Lo que en psicoanálisis se llama “acto fallido”, se desliza con frecuencia en publicidad, el plumero asoma inesperadamente por detrás del disfraz. Algunas veces la soberbia o la inconciencia, produce hallazgos como el del siguiente anuncio de un sobrecito mágico:

“¡Después de comer, un sobrecito del producto X absorbe y elimina las grasas de los alimentos ayudándote a mantener tu peso!”
En el cuerpo femenino, constantemente vigilado, la comida es algo a controlar, medir sopesar y hasta eliminar.
El sobrecito en cuestión, de cuyo componente o efectos secundarios, nada se dice, hace las veces de “píldora del día después” de una comida copiosa.
Resulta evidente y peligrosa la similitud entre ésta práctica y la de la bulimia, ya que ambas comparten la conceptualización de la comida como algo execrable, que hay que purgar como sea.


vi. La flor de mi deseo.


Otra perla que encontré durante el visionado de anuncios fue uno en el que vemos la relación amorosa entre un hombre y una mujer, atravesada por el fantasma de la posibilidad de que la mujer engorde.

Rodeados de un ambiente de de seducción, dos adultos están sobre una cama entregados al flirteo amoroso.
De pronto él le ofrece un chocolate a ella, enfundada en un vestido rojo pasión.
Ella está por caer en la tentación de morder el chocolate, cuando sobresaltada, le pregunta a él preocupada:
- ¿Tienes protección?
-Claro, no te preocupes, no tiene azúcar - contesta él en actitud de tener todo controlado.

Queda claro que el ámbito privado de la sexualidad femenina está tan vigilado como su cuerpo a causa de la posibilidad de engordar.
A un cuerpo con kilos de más, se le prohíbe todo, inclusive le está vedado el placer. Resulta bochornoso además, que unida a la propia vigilancia de la mujer sobre su cuerpo, se haga patente el control del otro, en este caso, un compañero que gustosamente asume el papel de guardián.

3. Violencia simbólica
Los anuncios publicitarios y su producción de modos de pensar, hacer y sentir, están en una relación de fuerzas desigual con respecto a la mayoría telespectadora. Cuentan con los medios necesarios para crear y reproducir estilos de vida sin necesidad de una imposición por medio de la fuerza y del engaño sino por la producción del saber, de la verdad, por el modo de presentar y organizar sus discursos.
“Lo que hace que el poder se sostenga, que sea aceptado, es sencillamente que no pesa sólo como potencia “...” sino que produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; hay que considerarlo como una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social ...”, decía Foucault con la lucidez que lo caracterizara.
El campo simbólico que conformamos todos, el lugar social en donde se intercambian los discursos y sus valoraciones filosóficas es en sí un espacio en lo que nosotros, los que por ejemplo criticamos a la versión enfermiza de la mujeres en la publicidad no tenemos los mismos medios ni la misma llegada para hacer oír nuestro disentimiento.
Resulta preocupante la connotación de explotación y servilismo que podemos encontrar en un mensaje publicitario como el que sigue:
Vemos la cara de una muchacha joven, en penumbras. De pronto, su piel comienza a resquebrajarse. La voz en off, dice:

“Su piel no ha evolucionado para enfrentarse a su entorno, la triple acción del producto X cubre ese vacío reforzando el sistema de defensa natural de la piel.”

Al igual que en el caso del sobrecito deglute-grasas, en este caso la publicidad produce un saber pseudo científico. Si en aquél, lo saludable consistía en eliminar las grasas recién digeridas, en éste nos abren los ojos sobre la evolución de las especies.
Para una criatura poco evolucionada, lo mejor es dejarse guiar por la sapiencia de la publicidad.

i. Mi alma por una liposucción

Las mujeres en la publicidad son presentadas como individuos – nunca sujetos- muy imperfectos cuyo más alto objetivo en la vida es corregirse mediante las numerosas técnicas de encauzamiento ad hoc.
Si aún no hemos comprendido cuánta disciplina debemos aplicarnos constantemente las mujeres para resultar aceptables, hay una famosa corporación que promete iluminarnos financiando las operaciones de cirugía estética que- seguramente necesitamos- a cinco años.

Esta compañía es la autora de las publicidades más agresivas a la hora de mostrar lo imperdonable que resulta una mujer con celulitis, kilos o años de más.
En una de sus publicidades centra la atención en una mujer que responde a las características tópicas de la mujer que libra una constante competencia con sus congéneres femeninas.

Vemos a una muchacha mirando con envidia a otras mujeres que pasan a su lado, todas muy bellas. La voz en off declara:

“No hace falta un pacto con el diablo para mejorar tu cuerpo”

Por supuesto que no, basta con entrar a la compañía especializada en cirugía, lista para vender su alma a plazos. Dejo constancia que nada tengo en contra de la operaciones estéticas en tanto elección personal de cada cual, sino que deploro la utilización de la cirugía como una forma de disciplina social.

ii. Síndrome post publicitario

La publicidad presenta la personalidad de las mujeres severa y profundamente desquiciada. Las protagonistas están obsesionadas como Dorian Gray por la impertinencia de los años, y tal como el personajes, están dispuestas a vender su alma por conservarse bellas: las mujeres de la publicidad son capaces de acciones temerarias.
La cruzada contra la grasa del cuerpo, los supuestos kilos de más, las arrugas, el cabello sedoso, el olor corporal, promueve comportamientos muy poco saludables física, emocional y psicológicamente.
Como si de una limpieza étnica se tratara, vemos en los avisos, a mujeres avergonzadas de su cuerpo, su edad o su condición.
No sólo en la televisión, estos criterios dominantes florecen en algunas pasarelas, en gran parte de la producción cinematográfica y del mercado laboral.
Y así, vemos a nuestro alrededor a menudo, las patéticas evidencias de esta locura legitimada, de esta guerra cuyos cadáveres invisibles nadie reclama.


iii. Esclavas de la paradoja.

En otro aviso, una mujer de unos 35-40 años, delgada y bonita mira a la cámara y dice:

- ¿Cirugía para parecer una top model?, no gracias ¡prefiero ser yo misma!

Pero la voz en off nos aclara las verdaderas motivaciones de la mujer:

“Reduce el 45 % de tus arrugas con el nuevo producto X Belleza sin cirugía”

Por métodos quirúrgicos o cremas, la cuestión es reducir las arrugas, unos de los herejes más combatidos por el evangelio publicitario sobre el cuerpo femenino.
Asociadas a la vejez, las arrugas han sido completamente despojadas de su testimonio de vida, de la sabiduría escondida tras ellas.


Pero si nos indigna la mercantilización del cuerpo femenino, un anuncio de barritas energéticas llega al colmo de recomendar la privación de comer como receta disciplinaria.

Vemos en el anuncio a la inefable mujer joven y delgada que sonríe sosteniendo una barrita mientras la voz en off no se cansa de arrojar luz sobre los ignorantes:

“Una forma sana y responsable de adelgazar, dos barritas sustituyen una comida”

Así es la mujer ideal de la publicidad: bella y sumisa a los designios de ser eternamente joven y delgada, se odia tanto a si misma cuando no cumple con las premisas que llega alegremente al extremo de no probar bocado y auto engañarse calificando como algo sano y responsable la privación total de ingerir alimentos.

4. Final con propuesta y algo de ¿humor?


Como mujer y periodista responsable, me pongo del lado de la simple lógica y el bien común. Creo que los profesionales de la comunicación debemos diferenciarnos de las prácticas de violencia simbólica sistemática contra la mujer y contra todo ser humano.
Si el mercado y la televisión son la medida de todas las cosas, podría ser interesante organizarnos en redes alternativas y distanciarnos de los productos y empresas que nos vapulean, mienten y desprecian.

Un capitulo aparte en esta humilde cruzada en contra del literal maltrato femenino a manos de la publicidad, lo constituye el silencio cómplice de todas y cada unas de las administraciones que no han sabido o no han querido ejercer las competencias reguladoras que les son propias.
Según el artículo de FACUA-Consumidores en Acción que puede leerse en la web que aparece al final de este artículo.

“Las competencias para retirar campañas publicitarias corresponden a las comunidades autónomas donde tienen su sede social los anunciantes. En el caso de la publicidad emitida a través de cadenas de televisión de ámbito nacional, es competencia del Ministerio de Ciencia y tecnología.”
“Lamentablemente, las administraciones competentes no suelen sancionar este tipo de prácticas (se refiere al sexismo y el maltrato a la figura femenina) ni instar a los anunciantes a que retiren sus anuncios.”
“Además de no actuar de oficio ante la existencia de este tipo de prácticas, cuando reciben reclamaciones de particulares o asociaciones, en la mayoría de los casos hacen dejación de sus funciones limitándose a derivar los expedientes a las instituciones públicas dedicadas a la protección de la mujer, que carecen de competencias sancionadoras en la materia.”
El Observatorio de la Publicidad Sexista del Instituto de la Mujer recibe cada año innumerables denuncias de particulares y asociaciones de defensa de los derechos de la mujer. Tal vez con demasiado optimismo, confía que los procesos de cambio se van produciendo poco a poco.

A juzgar por el tono de las publicidades nefastas que hemos analizado aquí, yo me pregunto:

¿A qué cajón oscuro van a parar las protestas y denuncias? ¿Quien las lee? ¿Que medidas concretas se asumen?

Teniendo en mente que todos nos merecemos la aplicación de la ley, seamos concientes de que no tiene sentido sperar que nadie nos salve.
Fundemos redes sanas para defender la simple lógica, estemos a favor de la verdadera libertad de expresión: aquella que no se disfraza para invadir la intimidad o colonizar la conciencia.

Para finalizar y quitarle un poco de hierro al asunto después de este fin de semana en el que me lo he pasado avergonzándome de estas imágenes y sus implicaciones, he reescrito los Diez Mandamientos en la versión publicitaria dirigida a la mujer.


1. Amarás y creerás a tu Señor, el producto que te haga adelgazar o eliminar arrugas.
2. No tomarás el nombre de las barritas que quitan el hambre en vano.
3. Santificarás las fiestas con alimentos "diet".
4. Honrarás a tu padre y a tu madre, es decir, el gimnasio y la sacarina.
5. No matarás la ilusión de ser 10 años mas joven o 10 kilos mas flaca
6. No cometerás actos impuros con tu cuerpo, deberás estar limpia y segura todo el tiempo.
7. No robarás las siliconas para agrandar el busto, las comprarás como corresponde.
8. No dirás falso testimonio salvo cuando te pregunten la edad o el peso.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros tales como ser realmente tú, de eso se ocupará la publicidad.
10. No codiciarás la cirugía estética ajena.

Hasta la próxima.


Web citadas:
http://www.facua.org/facuaanuncios/mujerypublicidad/mujerypublicidad.htm

Wednesday, August 19, 2009

EL VIRUS DEL BOICOT

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El Email decía: “CUIDADO CON EL VIRUS, FELICIANO”, en letras capitales.
Feliciano comprobó que el remitente era Pablo, un amigo suyo que trabajaba como él en una ONG para el desarrollo del Tercer mundo. Pensó que era una de esas interminables cadenas de chistes tontos que su amigo le mandaba desde el trabajo cada día. No obstante, su intuición africana le sugirió leer el texto.
Pablo habitualmente escribía los mail en ese idioma inventado por los aficionados al Chat, con palabras entrecortadas y con muchas “k”, con signos de sonrisas o tristeza, pero esta vez, las frases estaban completas, no había caritas alegres, ni fotos de chicas con los pechos al aire.

“CUIDADO CON EL VIRUS, FELICIANO”.

“El virus del boicot existe, no se trata de nada informático, ataca a las personas pero no te mueres, aunque tal vez sea peor.
De golpe te sientes tan fatigado que tienes que tumbarte y después, la tragedia.
Ves todo tan claro que te duele. Ya no tienes fuerzas para seguir fingiendo, no puedes sumarte a la masa aunque quieras. Si intentas seguir con la patraña en que se ha transformado tu vida, te dan vómitos.
Le llaman el virus del boicot, por los efectos que produce y no se sabe como se transmite, pero en Francia, Senegal, Filipinas, Canadá y Chile, se están produciendo fenómenos increíbles.
Los medios lo ocultan, pero es verdad, la gente se queda tumbada en sus casas y no va a trabajar, los bancos de Frankfurt han cerrado preventivamente sus puertas por miedo. Los divorcios se multiplican, pero los abogados y jueces están de huelga a causa de verse a si mismos tal como son, así que los juicios están suspendidos.
La casa Blanca está enloquecida, 37 de sus empleados han comenzado a vomitar casi al unísono en una reunión del ministerio de Defensa.”

Feliciano se reía a carcajadas.- Este Pablo es un cachondo”- pensó- al tiempo que llegó a la última frase del mail:

“Tengo el virus, Feliciano. Por eso me voy de la ONG. Espero que seas feliz.
Pablo”.

Feliciano dejó el café por la mitad y llamó a la ONG de Pablo: Nadie contestaba.
Llamó al móvil de Pablo: Usuario inexistente.
Cogió la bicicleta y se fue pedaleando por la Gran Vía de Les Corts Catalanes como loco. Desde la casa de Feliciano hasta su trabajo, había sólo un kilómetro. Hacía un tiempo que el trayecto se había automatizado de tal forma que su cuerpo realizaba las operaciones anatómicas necesarias para pedalear, cambiar las marchas y frenar frente a los semáforos como si de un piloto automático se tratara.
Pero esta vez, no supo si por sugestión o coincidencia, las calles, la gente, le parecían diferentes: como si recorriese las calles por primera vez.
Los taxis y autobuses escaseaban y la gente a su paso se comportaba de manera extraña. Feliciano pensó que hacía tiempo que vivía en piloto automático y no supo explicar porqué de pronto se acordó de Senegal, su mujer y su hija.

Al llegar a su trabajo, sus compañeros hablaban a los gritos y fumaban aunque estaba prohibido. Las radios y televisores estaban encendidos, todo el mundo pendiente de las noticias.

-¿Has recibido el mail de Pablo? – fue el recibimiento que le dio Clara, su jefa, despeinada, con los ojos muy abiertos y signos de no haber dormido.
-Si –contestó Feliciano con cierta aprensión.
-¡Pues ha renunciado! Clara estaba fuera de sí. Se pasó los dedos por la frente, como si hubiera algo pegado a su frente y siguió gritando su angustia: ¡Ya van 8 personas que renuncian!, hoy los trenes iban con un retraso de dos horas; taxis casi no había, al pasar frente al City Bank vi a empleados y jefes vomitando en la calle; el MC Donalds estaba desierto y dicen que el presidente de gobierno está tumbado en estado catatónico desde ayer a la noche… ¡Todos los ministros han renunciado! Parece un efecto dominó que abarca el planeta entero, aunque algunos sectores y gobiernos todavía no han sido infectados! Clara se apoyó contra la pared sacudiendo la cabeza como si no pudiese asimilar tanto descalabro.

-Si renuncian los de la Generalitat ¿quien va a pagar las subvenciones?- preguntó Miguel con cara de pánico. Todos lo miraron sorprendidos.
Clara se desplomó en la silla con un cigarrillo en cada mano.

Feliciano trabajaba desde hacia diez años como asesor legal de esa ONG. Era muy alto, delgado, de piel negra. Cualquiera podría haberlo confundido con un jugador de baloncesto. Tenía la voz grave y los ademanes pausados de quien ha tenido que esperar mucho tiempo la salida del sol por el ventanuco de una celda. Feliciano era un exiliado más, un miembro anónimo de una sociedad bipolar que admira la delgadez anoréxica en las pasarelas, pero se conmueve hasta las lágrimas con los vientres hinchados de los niñitos negros hambreados.
Feliciano no era feliz.
Su mujer y sus hijas no soportaban el ritmo de vida en Barcelona y después de aguantar esta tierra extraña por dos años, se volvieron a Senegal. Extrañaban el sosiego de las tardes calurosas, la tranquilidad confiada de los rostros familiares, el rimo pausado de los pies sobre los caminos polvorientos, aunque tuvieran que buscar el agua a 2 kilómetros y soportar la malaria de tanto en tanto.
Feliciano había comprado un locutorio mediante un préstamo, con el cual ayudaba económicamente a su familia y de paso aseguraba el desplazamiento migratorio de sus primos y vecinas hacia la tierra prometida.

Puntualmente enviaba todo el dinero que ganaba a su familia, que a su vez, repartía el dinero entre los numerosísimos parientes que dependían de ello.
Feliciano vivía solo, en un apartamento muy pequeño que cubría sus necesidades. En Senegal la vida era de una austeridad incomprensible para el primer mundo. Para él era algo natural. Lo único que abundaba en casa de Feliciano era la música. A lo largo del tiempo, los sones de su país se habían mestizado con grupos pop españoles y latinoamericanos. Su mayor lujo consistía en bailar en el pequeño salón-comedor-dormitorio de su casa al ritmo de Youssou N'Dour a todo volumen, pero con los cascos puestos, para no molestar a los vecinos.
A los largo de los diez años de residencia en Barcelona su relación con la ciudad se asemejaban a las etapas de un enamoramiento pasional. Al principio, la exaltación le emocionaba al descubrir cada pliegue en la piel de las calles de la ciudad. Sobrevolaba como un águila las costas acariciando el mar con sus alas, el aliento se le volvía miel en cada beso urbano. Barcelona lo tenia hechizado y el se dejaba llevar de bar en bar, de teatro en teatro, de día en día.
Luego, como en toda relación, la pasión cedió un poco y comenzó a ver Barcelona recién levantada y sin maquillaje. El mal humor de la ciudad era notorio. Era un poco falsa , no era tan dinámica ni vanguardista, más bien un poco snob. A la luz de las farolas aprovechaba la cándida admiración de los recién llegados para sorber el tuétano de su dinero o su inocencia.
Como un enamorado que descubre la verdad sobre la pierna ortopédica de su novia en la noche de bodas, Feliciano se sentía un poco defraudado. Dudaba de quién lo había engañado más, si ella o él mismo.

Feliciano decidió tomarse el día, no soportaba el histerismo colectivo de la ONG. Volvió a pie, arrastrando la bicicleta.
Si, algo pasaba. Las tiendas estaban cerradas o abiertas, pero nadie las atendía, la gente conversaba en las esquinas y plazas y algunos vomitaban.
Llegó a su casa un poco cansado. Se recostó y sin ningún esfuerzo fue cayendo en un sueño apacible, casi de seda.
Antes de cerrar los ojos supo casi de inmediato que le había cogido el virus.

Le despertó el timbre. Eran las 19.00 , la hora en que habitualmente llegaba Marina con sus ojos verdes y alegres, su vocecilla de niña y sus juegos seductores. A veces se sacaba el jersey en el ascensor y tocaba el timbre de la casa de Feliciano con el pecho al aire, otras veces usaba falda sin bragas y cosas así. Feliciano sonreía para sí cada vez que constataba la creatividad con que Marina se le había metido en la vida.
Marina traspuso la puerta con un bote de mermelada de fresas en la mano. Feliciano tenía el semblante serio y la mirada perdida en el techo.
- ¿Qué pasa? – preguntó ella dejando el bote sobre el sofá.
- Tengo el virus.
- ¿Que?
- El virus del Boicot
- Perdóname, pero yo vine a follar, no a un meeting activista- dijo divertida, pensando que Feliciano se hacía rogar.
- No estoy seguro de poder follar. Es el virus.
- ¿El virus de que? – volvió a preguntar, ya sin sonrisa.
- Es como una enfermedad que te abre lo ojos, sabes lo que te pasa y porqué, pierdes el miedo, es algo…
- -¡Pero que me estas contando!¡Estamos todos locos!
- No es un chiste ni estoy loco, por favor, siéntate y te lo explico.
Feliciano se incorporó lentamente y juntando las manos, habló sin mirarle a los ojos.
- Marina, hace 6 meses que follamos y no te conozco ni me conoces.
- ¿A no? O sea: no trabajamos en la misma ONG, no sabemos que estas casado en Senegal y yo me lo aguanto, no sabemos que yo soy una feminista avergonzada por eso, y no sabemos que tenemos los mismos ideales…
- No , no sabemos. Sabemos lo superficial. Lo otro…
Marina le cortó , enfadada.
- ¿Que seria “lo otro”?
- Trabajamos en la misma ONG y nuestro sueldo depende de las subvenciones del sistema que pretendemos cambiar. Por eso vamos de la depresión a la negación, pasando por la autojustificación. Estoy casado en Senegal y quiero a mi mujer y a ti no. Eso me hace sentir fatal. También me siento mal porque no entiendo el feminismo y tampoco que te sientas avergonzada y en cuanto a los ideales, los tuyos no los conozco, pero los míos, la verdad es que no sé realmente cuáles son.
Marina se sentó a su lado en silencio. Suspiró y le preguntó:
- ¿Este sería el efecto del virus?- preguntó ella con los ojos húmedos.
- Si- contestó él alargando la mano hacia la de ella sin mirarla.

Marina lloró en los brazos de Feliciano casi toda la noche. Por ella, por él, por la vida, por sentir qu nunca estaba en el lugar apropiado ni con la persona correcta. Al final se durmió agotada.
A la madrugada Feliciano se levantó, arropó a Marina y le acarició el pelo. Mirándola dormir con los ojos hinchados, comprendió cuánto le había dado esa mujer dulce y fogosa. Cuánta de su soledad se había sumergido en la profundidad de ese cuerpo claro y delgado.
Feliciano lloró como nunca, y maldijo al virus.

Cuando apenas se hizo de día Feliciano recorrió en bicicleta el camino hasta la ONG por última vez. La ciudad estaba desconocida, pero no había saqueos ni delincuencia, el virus golpeaba tan fuerte la conciencia de las personas que a nadie se le ocurría aportar a la realidad más daño o deshonor del que había permitido por acción u omisión hasta ese momento.
Frente a los bancos se veían grupos de acreedores y deudores quemando públicamente los documentos hipotecarios. Los supermercados y tiendas comenzaban a proponer alternativas al dinero en metálico ya que mucha gente renunciaba a puestos de trabajo que no eran sostenibles.
Era raro ver a mujeres musulmanas charlar animadamente con vecinas con las que hasta ese momento no cruzaban palabra o presenciar los encuentros callejeros entre padres y maestros debatiendo cómo continuar las clases sobre bases que respondieran verdaderamente a los valores que querían para los niños.

Feliciano encontró a Clara tal como la había dejado el día anterior: con un cigarrillo en cada mano. Decidió ir directamente al grano.
- Me ha cogido el virus del boicot, no puedo hacer nada en lo que no creo. Vengo a renunciar- dijo telegráficamente-.
Clara cerró los ojos y tragó en seco.
- Yo también pase por periodos de falta confianza en el futuro Feliciano, ya van 19 que renuncian, por favor…
-Evidentemente, hay personas más resistentes al virus que otras - pensó Feliciano mientras Clara hablaba sobre responsabilidad hacia los objetivos, insistía en seguir adelante con la ONG y sus proyectos
y hacía hincapié en los que Feliciano veía como una larga serie de miedos personales.
- Me voy- repitió Feliciano, y dio media vuelta.
- ¡Feliciano! – sollozó Clara, preguntándose por qué el virus se había olvidado de ella.

Cuando Feliciano regresó al departamento, Marina no estaba. Ni ella ni nada que le perteneciera. Feliciano se sintió como un mal nadador a punto de ahogarse. Le recorrió el escalofrío que generalmente presagiaba una crisis personal. Hasta ese momento se las había arreglado evitando ese tipo de trance con distracciones.

Dependiendo de la gravedad de la crisis, la distracción iba en aumento, alcohol, porro, Marina, cocaína.
Pensó que algo de polvo blanco le quedaba en algún lugar, pero cuando dio un paso hacia la cajita en la que guardaba los restos de anteriores salva-crisis, una arcada lo dejó en cuatro patas vomitando en el suelo.

Esa noche le llegó otro mail inquietante : “Descubren el antídoto contra el virus del boicot”
Las corporaciones farmacéuticas en tiempo record, habían aislado al mal llamado virus del boicot , encontrando que en realidad, no era un microbio, sino un fragmento inactivo de ADN.
Por algún motivo el filamento había permanecido escondido a la espera de un momento adecuado para reconectarse a la cadena genética.
Como en cualquier proceso biológico evolutivo, había una amplia gama de desarrollos posibles ante la reconexión, inclusive existían personas naturalmente inmunes a los cambios y otros que podían ser portadores no infectados del “virus”.
Ante el descubrimiento, las corporaciones farmacéuticas, desarrollaron un sistema que hacía posible el aislamiento y separación de la cadena subversiva.
Había 11.450.000 solicitudes de personas a la espera de que les extirparan la cadena mutante.
Seguidamente se incluía un link a una página web en la que uno podía apuntarse para “volver a la normalidad”.
Feliciano buscó más información sobre el tema al tiempo que valoraba la posibilidad de apuntarse a la lista.
Los candidatos eran sobre todo jefes de estado y gerentes de corporaciones multinacionales, directores de colegios religiosos, políticos y demás deseosos de volver al orden que conocían tan bien.
Había que considerar que cuanto más se oponía el sujeto a la acción del virus más imposible le resultaba que algo se quedara en el estómago con lo cual gran parte de la población mundial se había debilitado al perder peso y líquidos tan de golpe.
Feliciano buscó más y se encontró con testimonios de personas que se adaptaban rápidamente a la nueva situación y encontraban que les satisfacía mucho más la autenticidad que les proporcionaba el virus, sorprendidos ante la gran cantidad de temores que se habían desvanecido en su conciencia. Sentían que alguien les había quitado la venda de los ojos y ahora podían ver.
Feliciano se pasó las manos por la cara,como si lavara sus ojos. Apagó el ordenador y salió a ver qué pasaba afuera.

Las reacciones de la gente frene a la visión de la realidad “verdadera” eran de los mas curiosas.
Las víctimas de injusticias tantas veces denunciadas ante tribunales a las que no hacían caso, recibían las disculpas de sus estafadores que devolvían a la gente los ahorros robados en su momento.
Al considerar las condiciones en las que se había pactado las hipotecas, los bancarios infectados, rescindían las deudas de sus hipotecados ante la mirada horrorizada de algunos gerentes resistentes al virus.

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la Banca Ambrosiana y la OTAN fueron las primeras instituciones en aplicar con o sin consentimiento de sus miembros el antídoto contra el fatídico virus que ya había producido estragos de consideración: se había condonado la deuda externa de 38 países y el desarme de Estados Unidos era inminente.

La cúpula vaticana, así como otros grupos religiosos fundamentalistas y sectas portaban un alto grado de inmunidad natural contra el virus y amenazaban – una vez más- con la excomunión de los herejes.
Una amenaza que por cierto, no le importaba absolutamente nada a nadie, ya que el efecto del virus mostraba la verdad de las cosas y alejaba el miedo inculcado por vía de la educación, las religiones, la familia o los medios de comunicación.

MEDIOS DE COMUNICACION

Los periódicos, radios, revistas y canales de televisión habían paralizado todas las actividades para asimilar las verdades que ahora estaban a la alcance de todos. La gente por su parte, no extrañaba el entretenimiento de ver televisión, porque ahora tenían cosas algo verdaderamente importantes que hacer o pensar.
Pasadas unas semanas, la gente comenzó a sentarse en los bares a charlar de sus descubrimientos personales y a reflexionar sobre la oportunidad de retomar la vida, sobre otras bases.
Algunos bancos había quebrado por falta de pago de las hipotecas, muchas fábricas habían cerrado por inasistencia de obreros y dueños, y las compañías aéreas curiosamente continuaban sus servicios, porque entendían que la gente necesitaba reencontrarse con sus familiares y ante el desvanecimiento de los obstáculos en contra de la utilización de combustibles no contaminantes, los ingenieros e inventores ecologistas habían puesto en circulación combustibles hechos de maíz y otras hierbas. También circulaban coches a energía solar.
Cuando alguien se quedaba sin dinero, se instauraba un intercambio de otro tipo, ya fuese el trueque de bienes o servicios.
El primer proyecto que se llevó a cabo fue la atención primaria de salud y un servicio para la gente que sufría de adicciones varias. El virus mutaba y las combinaciones de ADN también, esto producía una cierta dualidad en el comportamiento de las personas. Algunos infectados tenían clarísimo el modo en que durante años la publicidad les había convencido de la necesidad de comprarse – por ejemplo - un coche, sin embargo lloraban recordando la sensación ilusoria de poder que les conferían los aparatos de cuatro ruedas. Muchos hacían ruidos con la boca simulando el ronronear del motor mientras corrían con los brazos estirados, cogidos a un volante imaginario.
Otros añoraban los programas del corazón y se retorcían las manos con inquietud ni bien llegaban las 17.00 de la tarde. Luego se ponían en círculo y comenzaban a contar historias de amores no correspondidos e hijos secretos, reales o inventadas sobre la vida de los antiguos protagonistas. Entendían que sufrían de adicción, pero no les resultaba fácil salir de ellas.
Igual les pasaba a los pueblos indígenas de Sudamérica, Australia, y África. La reconexión del fragmento perdido les había mostrado con toda crudeza el modo en que la vivencia del colonialismo había llegado hasta sus cabezas, las antiguas diferencias entre pueblos se habían solucionado, pero no conseguían creerse del todo la libertad de que disponían. Los cooperantes que otrora pululaban en sus territorios decidieron marcharse, concientes de que en el 80% de los casos no hacía más que reproducir las condiciones de dependencia que pretendían transformar. Los africanos estaban finalmente solos frente a un destino que ellos mismo debían organizar. Y no tenían experiencia.


MILITARES
El caso de los cuerpos militares fue paradigmático. Auto inmunes al virus desde que la infección había comenzado, consideraron la necesidad inmediata de poner orden en “la situación caótica que empuja a nuestra sociedad al borde del abismo”.
Un lunes a las seis de la mañana se los vio marchar hacia la Moncloa con tanques, tropas y caballos, luciendo sus mejores galas, con la intención de establecer un estado de excepción.
Contaban con el apoyo de algunos políticos todavía “lúcidos”-según ellos- que los apoyaba en la conformación de un gobierno de crisis. Los políticos infectados –antipatriotas, según ellos- se apiñaban en lo jardines frente a la casa de gobierno repartiendo papeles con datos ultra secretos sobre la participación española en guerra de Irak, las facilidades concedidas a la CIA para repostar sus aviones en Mallorca o las concesiones otorgadas a empresas que producían productos transgénicos y demás datos sobre la recalificación de terrenos.
La primera acción militar consistía en dispersar a los agitadores y entrar en la Moncloa.
El general Pacheco, hombre de honor muy reconocido en el ámbito castrense, fue el elegido para convocar a las tropas y marchar hacia la casa de gobierno.

- Esto me hace acordar a mayo del 68 – escupió con desprecio el general Pacheco- ¡Todos comunistas, hippies haciendo sentadas y fumando porros!
- Estos no fuman porro mi general- le aclaró el teniente Olivera- son gente enferma.
- Da igual, ¡pero adonde hemos llegado! Pero si todo andaba bien como estaba! ¡Me cago en el puto virus de los cojones! ¡Mírelos!- dijo señalando a la gente que se apiñaba su paso – ni siquiera nos tienen un poco de miedo…
Los militares marcaban el paso ante la mirada divertida de la gente que los saludaba con la mano.
- Pobres- dijo una señora entre la gente que miraba el desfile - son inmunes…no pueden ver las cosas de ninguna otra manera, solo la que les han enseñado.
- Si, - le contestó el médico que tenía a su lado- están tan acostumbrados a obedecer, que sus filamentos ADN están calcificados.
- Pobres…- repitió la primera.

A unos doscientos metros de la Moncloa, un grupo de adolescentes cerraba el paso de los militares. Tomados de la mano, bailaban una danza alrededor de una pila de móviles y videojuegos, riendo a carcajadas.
El general Pacheco no gozaba del don de la persuasión- a no ser por la fuerza-, así que el teniente Olivera levantó en alto su brazo y detuvo la marcha de las tropas.
Bajó de su caballo con la expresión de un cowboy cuya misión es conciliar con los pieles rojas y se acercó pisando con fuerza, para que su paso sonara más que las risas adolescentes.
Una quinceañera de trenzas rubias y ojos gatunos cogió la mano de Olivera imprevistamente y lo llevó a rastras a la ronda.
El general Pacheco casi se cae del caballo, con los ojos muy abiertos llevó la mano a la pistola, dispuesto a defender a su hombre de las hordas subversivas.
La quinceañera abrazó a Olivera al tiempo que Pacheco le apuntaba a la cabeza.
La mano de Pacheco nunca había temblado tanto en su vida. Sudaba frío con la sensación que a veces padecen los cazadores , cuando las identidades se confunden y ya no se sabe quién es la presa.
Olivera abrazado a la chica había comenzado a mover los pies al son de la canción improvisada. Ahora se besaban bailando y saltaban juntos. Pacheco pasó del miedo al odio y apuntó a la cabeza de Olivera.


TOKIO

Todas las flotas japonesas pesqueras dedicadas a la caza de la ballena habían detenido sus actividades el 15 de agosto, cuando el virus atacó en masa el archipiélago nipón.
Las grandes corporaciones de Tokio –prevenidas contra el virus- habían conseguido administrar antídotos entre sus altos mandos y controlaban las cadenas de televisión. Desde allí pronunciaron discursos que alentaban la obediencia y el honor, como siempre lo habían hecho.
La gente no los escuchaba, habían decidido apagar los televisores y quedarse tumbados en sus camas y sofás, meditando sobre lo que estaba pasando en silencio. El 16 de agosto Tokio amanecía enmudecida alumbrada fantasmagóricamente por las luces de los carteles publicitarios que ya nadie miraba.
Vacía, casi sin coches ni trenes, ni metros: sólo algunos paseaban por el medio de las carreteras, o practicaban taichi en los parques.

PARADOJAS 1


Roger daba tumbos entre arcadas y vómitos a lo largo de la 19th Street en Washington. A su derecha, las tristes oficinas del FMI y enfrente, las del Banco Mundial.
Durante más de 13 años había ido y venido, cruzando esa calle que ahora decoraba tan visceral mente.
Roger era – al menos por el momento – un furioso convencido de las libertades individuales y económicas, de la desregulación de los mercados y por que no decirlo, un defensor de la ley de supervivencia darwiniana.
Días atrás, cuando el se había desencadenado la tragedia del mal llamado virus , un amigo suyo - accionista de una de las empresas mas grandes de biotecnología - le invitó al participar de un selecto charter a Suiza, en donde podrían extirparle sin dolor cualquier rastro de genes anti –globalización.
La sede de Hoffmann-LaRoche trabajaba a destajo aplicando una serie de procedimientos muy secretos que aseguraban la eliminación de cualquier filamento ADN indeseable.
Roger se sometió al tratamiento con el vigor convencido de un tele predicador. No se permitía ni un solo rictus de duda. Su ceño fruncido contrastaba con la blancura de su rostro. Su cabello rojizo y su cuerpo desnudo y pecoso yacían bajo una bata blanca a punto de recibir “el tratamiento”.
Por razones de seguridad, los pacientes eran anestesiados, para que no pudiesen reproducir el tratamiento fuera de allí. – “Siempre fieles a su estilo” – pensó Roger. Le causó un poco de gracia la ocurrencia. No pudo evitar pensar en el “estilo” de esta súper empresa. Al tiempo que recorría mentalmente los países en los que Hoffmann-LaRoche tenía intereses mucho más que comerciales. Fue en ese preciso instante cuando supo que para él, ya todo estaba perdido.

Volvió en sí en una habitación de hotel. El tratamiento incluía el traslado en ambulancia y los controles médicos posteriores. Un medico y una enfermera le hicieron los controles de rigor, pero no le preguntaron cómo se sentía. El médico se despidió y la enfermera le comunicó que ese día a las 15.30 debía coger el vuelo de regreso.
Siempre fieles a su estilo.



PARADOJAS 2

Gambia, Senegal y Uganda fueron las primeras en caer. Les siguió Sudáfrica y Etiopía. Cuando Feliciano llegó a su pueblo, en Senegal, comenzaron los suicidios.
El virus, o mejor dicho la reconexión evolutiva del fragmento X de ADN cumplía con su función de abrir los ojos de la gente, pero no proporcionaba esperanza en el futuro ni estrategias para reorganizar aquel mundo deshumanizado e injusto contra el que tantos grupos se habían enfrentado sin éxito en el pasado.
Luego de la primera ola de euforia que insufló en cada uno el aire nuevo de la verdad, después de vomitar – veraz y metafóricamente- las injusticias cometidas contra la humanidad, se produjo el silencio.
¿Y ahora qué?

Nota de la escritora: Yo he cumplido con la misión de escribir esto hasta aquí, ahora os invito a vosotros a continuar. Por eso os pregunto otra vez:

¿Y ahora qué?

Thursday, January 08, 2009

INVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES: LOS SUB-EXPERTOS


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Hace unos meses que escribo con alguna disciplina.
Simplemente, necesito escribir y ese estado me lleva a leer más e interesarme por escritores y escritoras tal vez un poco más obsesivamente.
Hoy me encontré con una "Declaración de principios del lector" de Daniel Pennac (click aquí para ir al artículo) que recomiendo a todos quienes defenden como yo el verdadero placer la de lectura.“Como una novela”, una de sus obras más conocidas, comienza con una aseveración magnifica:“El verbo leer no soporta el imperativo”.
Las personas tienen derecho a no leer y según Pennac, los no lectores son personas muy frecuentables e incluso deliciosas, porque:“...Al menos no nos piden de continuo nuestra opinión sobre el último libro que leímos, nos ahorran sus reservas irónicas sobre nuestro novelista preferido y no nos consideran retardados por no habernos precipitado sobre la última de Fulano, que acaba de salir, editada por Mengano, y de la cual el crítico Zutano ha dicho lo mejor.”(...)Abracadabra.

El tema del presente artículo se abrió ante mí materializado en las sabias palabras de Daniel Pennac: la especie de los sub-expertos. Estos especimenes que adornan nuestros hogares y oficinas, siempre alertas para darnos un testimonio aleccionador basado en lo mucho que saben, piensan, investigan y/o coleccionan.Muy lejos están del espíritu del verdadero experto más en contacto con lo esencial, que estudia y profundiza porque simplemente le apasiona y si lo comparte, lo hace con elegancia, respeto y sin forzarse.

El pobre sub-experto, al contrario, es como un hámster obsesivo que corre hacia ningún lugar en la rueda mientras se repite constantemente que necesita poseer “todos los datos”, fantaseando con el momento en que volcará sobre los demás sus insípidas conclusiones sin ningún glamour y con muchísimo esfuerzo.Si, me refiero a los diestros, peritos, competentes, avezados, versados, entendidos, y duchos sobre algún tema que cada día encontramos listos para abrir la boca y soltar su patética seudo sabiduría.Pareciera ser que el vacío posmoderno les impone la necesidad de gritar a viva voz cuánto han leído o con el objetivo de sentir que existen un poco, para lograr, si no la admiración, por lo menos la envidia. Si supieran que en realidad solo consiguen una lastimosa muestra de buena educación, se dedicarían al excursionismo.
Por medios discursivamente violentos invaden el territorio de los demás tan pronto como pueden insertar alguna frase probándose que son buenos al menos en esa pobre parcela de su vida.Los expertos son extremadamente aburridos, solo quieren hablar de eso que dominan, sufren a encontrarse con alguien que los sorprenda en el pecado de no conocer la ultima novela, el ultimo CD, la noticia mas reciente sobre, el truco informático mas secreto de, o lo que sea que ocupa su paupérrima vida.


Recuerdo un día en que yo expresaba delante de cierto grupo mi predilección por el rock sinfónico de Emerson Lake & Palmer.De pronto escuché el zumbido de los bombarderos en el aire, noté que una de miradas me apuntaba calculando el impacto mientras comenzaba a lanzar las bombas: ¿“Cual de todos los temas de Emerson te gusta más?, porque yo tengo absolutamente todos los álbumes- expresó el sub-experto.
Nótese que los sub-expertos utilizan frases como yo tengo, yo hice, yo leí, encubriendo bajo el pronombre personal la experiencia que les está paradójicamente vedada: el verdadero placer de disfrutar de algo sin ofrecerlo a la mirada de nadie.

A ningún pseudo le sirve su condición de tal si no puede demostrarlo en la arena, mediante algún a estrategia habitualmente petulante o por lo menos, inoportuna.Existe el subgrupo de sub-expertos menos agresivo pero igualmente invasor. No se puede salir de paseo con ellos in que comiencen la irrupción progresiva del espacio acústico con sus conocimientos sobre el entorno. También los que dan consejos sin que se le solicite la opinión pertenecen a este grupo.Aparentemente, la especie de los sub-expertos padece de fobia al silencio. O tal vez, a fuerza de repetirse a sí mismos la obligación de saber para vencer, las trompas de Eustaquio han pasado a mejor vida.Como decíamos, los sub-expertos no disfrutan de aquello en lo que compiten. No son capaces de bailar consigo mismos al son de Smoke on the Water sin que nadie los vea, lo único que les proporciona el efecto de existir es la capacidad de demostrar que sirven al menos para acumular y recordar muchos datos, fechas, lugares, teorías, sucesos.
No tienen nada propio, por eso, se apropian imaginariamente de lo ajeno.Desde el punto de vista de los sub-expertos muchos de nosotros pertenecemos a una sub especie herética capaz de disfrutar del objeto sin necesidad de diseccionar su procedencia o llegar al colmo de ir por la vida sin saber las capitales de todo el mundo.

En lo personal doy una importancia igual a cero a las colecciones completas de libros, CD, Enciclopedias, ediciones limitadas, rarezas, cuadros famosos y me deleito obscenamente en la ignorancia. Amo el placer de la imperfección en todas sus facetas, si he investigado algo a fondo, ha sido sólo por el dulce placer de la pasión.Por eso, cuando alguien quiere medirse conmigo en su saber o tener, al instante comprendo que con esa persona no me une absolutamente nada y me alejo de su camino, feliz de saber que mi vida es ASÍ DE IMPERFECTA en un mundo imperfecto.

INVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES: EXITINCIÓN DE LOS CINÉFILOS





A veces me siento una hereje de estos tiempos: soy una cinéfila consumada y encima, tengo la osadía de insistir en ver cine sin comer palomitas y en silencio.

Atrás quedaron las épocas en las que ver una película en el cine nos proporcionaba el ritual mágico de la experiencia perceptiva cinematográfica junto a otros que como nosotros, gustábamos de ver la película a oscuras y no hablar ni comer, ni reírnos a los gritos durante la proyección.

El siglo XX agregó a la experiencia la posibilidad de consumir palomitas, refrescos, patatas fritas con queso y otros manjares y lo de mirar la película en silencio, en el siglo XXI, ha pasado a la historia.

Por alguna rara mutación genética, las nuevas generaciones eligen la sala de proyecciones para hacer bromas, chistes, gritar, patalear, roncar, tener relaciones sexuales, comerse pizzas enteras ( doy fe) reírse , aullar a la luna o relatar el partido de fútbol a viva voz.

La especie en cuestión no es marginal, sino todo lo contrario, son guapos, van vestidos a la moda, tiene móviles de ultima generación ( que generalmente suenan en medio de la función) y tienen el dinero suficiente para pagar entradas, palomitas y refrescos a cambio de que los demás les aguanten su modo particular de involución de las especies. El ritual consiste en pagar para no mirar la película y hacer el payaso toda la sesión.

Estas tribus que algunos estudiosos consideran pertenecientes a la “antropología del espectador imbécil” se ha gestado al calor de la permisividad total de las grandes superficies lúdicas, en algunas de las cuales, me consta, hasta dejan entrar al “espectador” con pizzas enteras y cervezas. Es que las empresas involucionan al ritmo de sus asistentes, claro está.

Confieso que a menudo me siento una especie en extinción: intentar que los derechos de esa raza mutante no atropelle el mío, se asocia con una actividad severamente en desuso: protestar y ser escuchado.
Todas las veces que padecí los rituales excesivos de estas tribus urbanas, pude comprobar que en general, los demás afectados no reaccionaban en absoluto.
Como si de repente entraran en un trance hipnótico, se los veía apretar los dientes, estrujar el vaso de Coca cola, mascullar para adentro algún insulto e irritarse hasta la exasperación sin decir ni una palabra.
Los más osados, alguna que otra vez, explotaban entrando en franca guerra de insultos con los nuevos simios y tampoco conseguían callarlos ni ver la película.

Otros de nosotros, cansados de tanta falta de respeto hundiéndose en la falsa tolerancia, no estamos dispuestos a compartir el espacio público con este tipo de personajes ni nos sumamos a la voluntad general de los que prefieren callarse la boca. Pero, ¿qué hacer?
El personal de las empresas de multicines tiene a estas nuevas etnias como principales clientes y sabe perfectamente de qué modo se “divierten”, pero hacen poco porque forman parte de su principal target.

En vista de la situación, se abren dos preguntas claves:

¿Quién se atreve a sancionar a estos buenísimos consumidores en un contexto en el que el cliente siempre tiene razón y más si viene en grupo?

¿Cómo hago para ejercer mi derecho y poder ver una película cuando me toca compartir sala con alguno de estos clanes?

Vivimos en una época en que todos reclamamos la falta de valores a la hora de convivir y hasta algunos alcaldes lloran rasgándose las vestiduras clamando por el incivismo.

Pero no olvidemos que este proceso no florece ahora porque sí, hace años que directa o indirectamente se le permite a cierta gente hacer uno y abuso del espacio público justamente porque son consumidores: ya sean turistas o adolescentes, comercios y ciudades enteras hacemos la vista gorda con tal de hacer el agosto.
Lo importante es no ahuyentar a quien más consume y ayudarlo, mirando hacia otro lado, para que se sienta a gusto y haga lo que le dé la gana. Luego ya culparemos a algún chivo expiatorio de todo el problema, daremos conferencias contra el incivismo y veremos la forma de poner más multas.

Como decía, soy un Tyranosaurus Rex, y me resisto a cerrar las fauces. Mi experiencia personal en cuanto al proceso de plantear una queja en este tipo de macro cines no tiene desperdicio:

Martes 3 de enero, 19.15. Sala prácticamente vacía a no ser por 10 miembros de la tribu “mecagontó” habituados a comer palomitas y gritarle a la pantalla. Nótese que no estoy hablando de un sábado a la noche ¡Líbreme dios de ello!

Mi marido, un Gliptodonte de muy buen ver, se acercó a pedirles silencio: craso error, la tribu redobló los gritos de guerra. Fui a buscar a alguien del personal para ver si tenía más suerte, pero tampoco eso modificó la actitud del grupo.
En vista de que nos era imposible concentrarnos en la película, salimos de la sala para hablar con la encargada que resultó ser la Srta. Gemma.

Ni bien escucho la exposición de la Tyranosauro y el Gliptodonte, decidió que lo mejor, era darme un consejo antiestrés:

“No se ponga así, relájese que usted al fin y al cabo vino a divertirse. Se lo digo por su bien.”

Ante tamaña bobería, sospeché que el concepto de relax y el pasar de los problemas en lugar de resolverlos, era el método que la Srta. Gemma utilizaba para afrontar las dificultades.

¿Pertenecía la Srta. Gemma a la tribu? ¿Era un topo infiltrado para provocar la irremediable involución de la especie cinéfila? ¿Será que en las empresas como ésta nadie se toma nada demasiado en serio? ¿Pertenezco de verdad a una especie en extinción?¿Pagué dos entradas para que me arruinen la sesión de cine y además debo relajarme?
Tal vez.
Sin embargo, viendo en Internet los foros de damnificados por tribus como éstas en los cines, se me ocurre que tal vez un recuento de especies nos sorprendería.
Y ya lo sabemos por experiencia, la unión hace la fuerza.
Om!Om!Om!

Friday, June 06, 2008

LA RESPONSABILIDAD DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN EL FENÓMENO MIGRATORIO



Los medios de comunicación forman parte de nuestra vida y seamos concientes de ello o no- a partir de la información que nos transmiten, construimos las ideas y opiniones que adoptamos sobre el mundo que nos rodea. Ese mundo, claro está, no puede ser abarcado en su totalidad por los medios: ni la radio, la TV, los periódicos o Internet pueden reflejar eso que definimos como “realidad”.
A partir de criterios específicos acerca de lo que es “noticiable”, en los medios encontramos sólo aquellas informaciones que pueden suscitar el interés del público.
Nadie puede definir exactamente cuáles son los intereses generales, ni hacer una radiografía de los grupos humanos que componen “el público”, pero si reflexionamos un poco, veremos que gran parte de los sucesos de nuestra vida cotidiana no aparece reflejada en los medios, o no aparece en la medida en que debiera. En el caso de la inmigración, la manera en que a veces se informa sobre un acontecimiento, no contribuye a la convivencia entre culturas.
En el caso del fenómeno migratorio en España, vemos con demasiada frecuencia el término Inmigrante vinculado a la categoría de problema, o al ámbito policial y de Justicia. Esta conexión implica para el receptor una asociación de ideas que aporta inquietud y preocupación.
La convivencia intercultural se nutre del respeto, la co- responsabilidad y la información fiable, por lo tanto, existe una responsabilidad social en las partes involucradas en la comunicación: las autoridades, las fuentes informativas, las empresas de comunicación, los periodistas y el público receptor.

La sociedad politica, en especial las autoridades competentes en materia de inmigración se transforman en fuentes informativas de primer nivel para los medios, por ello, es necesario que cuando ofrecen información acerca de cualquier suceso que involucre a inmigrantes lo hagan de manera clara , contextualizada y precisa. Es frecuente que las misma autoridades propaguen tópicos negativos. A muchos políticos les vendría bien leer el artículo “Cinco ideas falsas sobre la inmigración en España” escrito por el eurodiputado Sami Naïr (El Pais del 16 de mayo de 2002).
España y sus administraciones públicas han reaccionado con gran retraso al impacto causado por los flujos migratorios. No siempre han destinando los recursos adecuados para gestionar y reforzar los servicios necesarios . Descansando frecuentemente sobre la acción de las ONG’s y el voluntariado, los portavoces de la sociedad política no han frenado como debieran tópicos tales como “los inmigrantes se llevan todas las ayudas”, encubriendo así la falta de reacción y compromiso político.

Ya sabemos que los medios son empresas y como tales, sus objetivos están atravesados por la rentabilidad, sin embargo, las fuentes informativas y las empresas periodísticas deben evitar la explotación dramática del hecho migratorio, así como la especulación acerca de incidentes en los que se remarca la pertenencia a una u otra nacionalidad. Se ha constatado un desequilibrio evidente en las fuentes que los periodistas consultan frente a un hecho que involucre a inmigrantes. Cuantitativamente, quienes hablan del hecho son las autoridades y las personas autóctonas. Por lo tanto, se ha de velar para que el inmigrante también se transforme en una fuente informativa a consultar, ya que el derecho a la libre expresión es un derecho de todos. Tambien la integridad personal y la dignidad deben ser preservadas, evitando las imágenes de primeros planos que muestren a personas inmigrantes en situación de sufrimiento o muerte.
La empresas además, deben fomentar la formación de sus periodistas en la comprensión del fenómeno migratorio sobre bases fiables, evitando así la reproducción de datos imprecisos.

Los periodistas son los profesionales que están en relación más inmediata con los sucesos que involucran a inmigrantes y están además, sometidos a los criterios y exigencias de las empresas en las que trabajan. Aún así, deben ser concientes de que el tratamiento informativo que den a su trabajo puede derivar en la toma de posición a favor o en contra de determinados colectivos, o en el refuerzo de tópicos que nada aportan a la convivencia.
Todos leemos o escuchamos en los medios el uso indiscriminado de términos incorrectos tales como “sin papeles” para referirse a un extranjero o la identificación de personas en base a su opción religiosa.
No olvidemos que antes que nada, un inmigrante indocumentado es una persona, no un “ilegal”.
Es prioritaria la formación apropiada por parte de los profesionales de la comunicación acerca de la inmigración como fenómeno histórico mundial y el conocimiento de las particularidades culturales de los colectivos que viven hoy en España, no como características exóticas sino como expresión de su bagaje cultural.

En cuanto al público, creemos que tambien cabe a la sociedad civil ser responsable de no propagar informaciones no contrastadas ni tópicos que vulneren los derechos de minorías étnicas o grupos determinados.
En la sociedad de la información cada uno puede, si quiere, valorar los hechos por si mismo, sin caer en simplificaciones ni estereotipos.
Frente al tema de la inmigración en España, es una buena práctica la confrontación de los tópicos con datos fiables al alcance de todos y el simple uso de la memoria colectiva.

Es útil recordar por ejemplo, aquellos años en que Catalunya, Chile, Francia, Argentina, Suiza, Venezuela, Alemania fueron la sociedad de acogida de españoles que también migraron desde Andalucía, Extremadura, Castilla.
Recordar que durante la dictadura franquista, España necesitó de la solidaridad internacional para que muchos españoles pudieran refugiarse como exiliados.

Recordar la tristeza de no poder vivir a gusto en la tierra que uno ama, la sensación de extrañeza frente a un clima y una lengua que no nos es familiar.

Recordar que en aquellos días, eran “los otros” los que nos tendían – o no- una mano.

Wednesday, March 14, 2007

CUANDO LA MALICIA SE JUSTIFICA BAJO LA LIBERTAD DE EXPRESION


Domenico Dolce y Stefano Gabbana han anunciado hoy que van a retirar todos los anuncios publicitarios de la marca Dolce & Gabbana del mercado español para "proteger su creatividad".
Los diseñadores han denunciado el "clima de censura" que han sufrido en este país, donde uno de sus anuncios fue tachado de "machista.

Bueno bueno...y si estaban tan seguros de su “creatividad” ¿porque retiraron el anuncio EN TODO EL MUNDO?

Días después, los diseñadores – ya más asesorados- han pensado dejar de anunciarse en España. La medida tiene la finalidad de "proteger la libertad creativa que caracteriza a la marca desde siempre", según expresa un comunicado emitido hoy.

¿Pero a quien pretenden vender esa moto? No chavales, que además de horteras, vosotros sois perversos.
Nosotros interpretamos en vuestros anuncios lo que hay, es decir, violencia.

Si rascamos un poco la superficie del mundo de la moda, además de encontrarnos con la obscenidad de apoyar encubiertamente la anorexia y mostrar sólo un sector elitista y fastuoso de la sociedad, vemos que además ahora se dan el lujo de exhibir a los seres humanos de forma cruda y más mercantil y encima protestar cuando se levantan voces contra la violencia.


D&G dice que "se interpretan mensajes negativos donde no los hay" y animan a otros diseñadores "que han sido centro de críticas por motivos similares" a retirar sus campañas del mercado español.
Pero mientras tanto retiran el anuncio en todo el mundo…


Otro que bien baila, es Armani, con su campaña junior, en la que aparecen niñas de unos ocho años con rasgos orientales.
La directora de la Asesoría Jurídica de la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial , Charo Fernando, coincidió en que esta publicidad "choca" y se sitúa "en el límite" de la legalidad. En su última reunión de 2006, los defensores del menor europeos intercambiaron su preocupación sobre la "sexualización de los niños en la publicidad", añade Canalda.

Dejen de protestar, popes de la moda y el diseño, dejen de utilizar a la gente, como el “vanguardista” Antonio Miró quien se atrevió a
a utilizar a inmigrantes 'sin papeles' originarios de Senegal en un desfile.
El creador catalán, que el año pasado hizo desfilar a presos de la cárcel Modelo de Barcelona y dijo que tomó esta decisión para denunciar «la fuerte situación» que viven los inmigrantes irregulares en España.
¿Y así piensa denunciar?
¿Deglutiendo la tragedia en medio de la farsa de las pasarelas para regurgitar un híbrido donde ya no se sabe si nos están haciendo un chiste o simplemente se han tomado unas copas de más?

Menos estupideces y más sentido común, señores. Bájense de la nube y vayan a la Primera Conferencia Internacional sobre Turismo y Explotación Sexual Comercial Infantil.

Entérense de que el año pasado las mujeres muertas por violencia de género fueron 68 y en lo que va de este año, ya superamos con creces las cifras del 2006.
Sepan que cerca del 20% de los viajes internacionales que realizan los turistas occidentales tienen fines sexuales, y el 3% son de pedófilos. Camboya, por ejemplo, acogió en 2005 a más de 1.260.000 turistas: al menos 37.800 eran pederastas.

Frente a estas realidades, no cabe poner por delante la libertad, sino el sentido común, no sirve justificar la creatividad para encubrir lisa y llanamente el ansia de ganar más y llegar a más “targets”, sea como sea.
Aunque sea a costa de mujeres, presos, inmigrantes sin papeles y niñas.

Saturday, August 19, 2006

INVOLUCION DE LAS ESPECIES: LOS “CANALIZADORES" DE MAESTROS DE OTRAS DIMENSIONES.

Soy una persona curiosa y familiarizada con el tema de las canalizaciones. A lo largo de los años he aprendido a discernir entre la oferta abrumadora de métodos y recetas lo que verdaderamente me es útil para mi camino espiritual particular. Esto significa que luego de muchos años de investigación, he integrado la esfera espiritual a mi vida cotidiana sin escándalos ni fundamentalismos, sin recetas ni necesidad de evangelizar a los paganos.

Detesto los discursos, las recomendaciones y especialmente los "consejos espirituales".

Tal como lo concibo, la esfera espiritual es absolutamente privada y tan personal como el ADN: no hay dos iguales.

Me habían comentado que los canalizadores a los que llamaremos A y B eran muy conocidos, tenían una agenda completa hasta 2008 y allí fui, en un tren que me llevó hasta Ocata, en el Maresme.

Al tocar el timbre me recibió un muchacho ( el canalizador A) vestido de riguroso color blanco, de cara aniñada y quien sin conocerme me saludó con un “que tal mi princesa”.
Su sonrisa y familiaridad me dejaron perpleja.

La señorita que luego canalizó para mi , ( canalizadora B) de veinte y pocos años, vestida de blanco y con sempiterna sonrisa, tambien se dirigía a mi con la familiaridad de quien esta en un grupo de amigos.
Según ella, el maestro que canalizaba hablaría a través de su boca durante media hora y luego tendría otra media hora para hacerle preguntas.

Después de una inspiración profunda la canalizadora comenzó a hablar con los ojos cerrados y a toda velocidad.

No hay duda, esta chica es intuitiva y como muchas otras personas, algo de lo que dice, dada la ambigüedad, se podría considerar como una “predicción" , sin embargo no hay fechas ni afirmaciones ni negaciones absolutas. Todo cae en el “puede ser”.

Era particularmente evidente la gran cantidad de consejos que la chica se empeñaba en darme.
A partir de lo que me dijo a mí y de las predicciones que le había hecho a personas que conozco, saqué dos cuestiones en común en este tipo de canalizaciones “Light”.

Una, como estrategia general, inflan el ego del consultante en cuanto a "los sufrimientos que ha conseguido superar"

Dos, le palmean la espalda diciéndole que es un ser íntegro con grandes posibilidades de ser un líder espiritual y que sus aspiraciones se cumplirán si tiene paciencia.

Invariablemente, todos lo que van a consultar a los canalizadores son “seres de luz” y si han llegado hasta ellos es porque tienen una misión importante a nivel de liberar a otros espiritualmente.

Tambien aseguran que “los de arriba” reconocen el sufrimiento de las personas que van y serán recompensados por sus padecimientos.

A lo largo de mis años de contínuo y tortuoso vagar hacia el conocimiento espiritual he llegado a tres conclusiones para mí muy importantes:

1. La única que sabe lo que me pasa y como actuar en consecuencia soy yo.
Se perfectamente cuando algún mensaje me resuena, porque lo percibo claro y consistente en forma integral : cuerpo , intelecto, y espíritu.
2. Cuando hay transmisión o algún proceso que involucre la energía , lo siento en el cuerpo y discrimino perfectamente su procedencia y efectos.
3. Todos los mensajes canalizados están condicionados por el canal. Por lo tanto, en general, no recibo consejos que no pido – en le terreno del crecimiento espiritual se da muy a menudo el caso de que la gente en lugar de escucharte, te ofrece su particular aspirina espiritual aunque no se lo pidas- ; no pregunto qué debo hacer en tal o cual situación, a menos que quiera alguna información concreta. Recibo ayuda e información externa, pero únicamente cuando elijo hacerlo.

El encuentro con los canalizadores A y B me hizo caer en la trampa de la adulación y la zalamería, en ese trato meloso de viejos conocidos. La miseria espiritual es moneda corriente y el maltrato injustificado es pan de cada día en nuestras vidas. Si alguien en medio del desierto de ofrece un oasis de palabras dulces, es muy dificil no dejarse arrullar por su melodía.

Todos los que estamos en el proceso vital buscar respuestas, somos seres tal vez un poco mas sensibles, un poco más utópicos e ingenuos, queremos encontrar la verdad porque inconscientemente queremos encontrar la pureza, alguien que nos reafirme que hay esperanza para el mundo que nos rodea y a menudo caemos en el desaliento, por lo tanto, al escuchar que nuestro sufrimiento es reconocido, que nuestros deseos están “concedidos en la séptima dimensión”, es difícil no conectar con nuestros dolores internos y la necesidad de resolverlos.

Somos humanos y caemos en la ilusión de que verdaderamente, alguien nos reconoce las pérdidas y los desconsuelos o nos abre una puerta al desaliento o nos dice que no desesperemos, que la misión de nuestra vida ya llegará.

Hay que tener un poco más de paciencia...Otra vez la paciencia, otra vez la zanahoria frente al burro. A esto le llamo yo una palmadita pseudo espiritual que cuesta solo 30 euros.

La señorita canalizadora B , vestida con su túnica blanca y portando la sonrisa de quien esta probablemente convencido de hacer algo para salvación espiritual del mundo “canalizó” al maestro solo 13 minutos. Es decir que habló sin parar dirigiéndose a mí como “hija mía”. Evidentemente, este maestro a mi me conoce poco, ya que yo detesto ese trato paternalista, pero en fin...

Despues de los 13 minutos de parlotear incesantemente, pasamos al turno de preguntas y respuestas.

Los 45 minutos restantes, correspondían a las preguntas que yo deseara hacerle al ser de la séptima dimensión. En ese proceso quedó al descubierto que nadie me estaba contestando desde ningún lugar. La que contestaba era ella - la canalizadora B- a partir de sensaciones intuitivas que trataba de acomodar lo mejor que podía.

A propósito , yo omitía darle información sobre lo que quería saber, por lo cual ella, en lugar de limitarse a canalizar, me preguntaba más detalles, porque "no entendía".

¿Para que necesita entender, si no es ella la que responde?

No hubo en mi ser ninguna sensación de veracidad, ni de intercambio de energía. Al fin se terminó el turno de preguntas y respuestas.

Me fui luego de que me abrazara dos veces más con su familiaridad rebosante que en mi opinión no es amor, sino pretensión de compensar en los actos lo que no existe a nivel espiritual.

Ya en el tren de vuelta hacia Barcelona, comenzó a surgirme un mal sabor de boca, una sensación de malestar emocional y cierta rabia que me duró dos días.

Al tercero, comprendí lo que me pasaba: me había dejado timar. Había caído por una hora en la desastrosa y manipuladora ilusión de espiritualidad de otro. No digo que la chica quisiera timarme en sentido mundano, creo que la que se estafa, en primera instancia es ella, creyéndose un canal.

Como humanidad estamos frente a un cambio importante y proliferan los seres que con buena intención sienten “el llamado de una misión”. Pero no siguen pautas de ningún tipo, no estudian, no se preparan, son seres que un buen día, como aquellos niños frente a la higuera reciben una misión y se lo creen de tal modo, que así lo expresan.
La gente a su vez, hambrienta de respuestas que no encuentra a su alrededor y – acostumbrados a buscar respuestas fuera de si mismos- entra en la hipnosis colectiva y comienza a acudir a preguntar. Renace la atávica costumbre de preguntar a los oráculos y recomienza el ciclo que ubica en forma desigual a dos personas, una con un pretendido saber y la otra, solo con sus preguntas.

¿Séptima dimensión?
¿Maestros ascendidos?
¿Misión?

Además...

No me dieron un recibo por la “donación” de 30 euros. Haciendo unos cálculos someros, 30 euros multiplicado por dos canalizadores que atienden – por lo menos- cuatro personas cada uno por día durante un mes, da la cifra de 4.800 euros.

Son 4800 euros para los que no hay ningún tipo de retención fiscal y a los que hay que sumar la recaudación de los numerosos cursos de Terapias Alternativas que ofrece el centro donde trabajan estos canalizadores.